Tus intenciones, tus pensamientos y tus acciones,
han de seguir por un mismo curso,
sin desviarte, sin ensuciarte, sin envanecerte,
ni hacerte sentir más sabio que los demás
o más grande que tu hermano.
El fin único de la humanidad:
Volver al amor
Mensaje dirigido por Emmanuel, para todo su grupo.
Hermanos:
El momento de vernos a los ojos está muy, muy cercano.
Ya algunos presienten despedidas y otros dificultades,
pero todos están al fin en el camino
y eso es lo único importante.
Alcanzarán ahora a recordar el día
en que cada uno partió hacia un diferente destino,
tratando de olvidar circunstancias, unos,
tratando de hallar la paz, los otros.
Pero todos con la plena conciencia de que lo que habían sido
antes de la revelación, no lo serían ya jamás.
Y todos con la presencia de aquellos días,
grandiosamente hermosos,
grabada a fuego en sus mentes y en sus corazones.
Sé que escogieron olvidar
y por un tiempo eso fue lo mejor,
pues este olvido escogido en forma voluntaria,
preservó la pureza de la memoria
e impidió que la misma fuera falseada u olvidada.
El relato de los hechos
y las circunstancias acaecidas en aquellos días,
poco a poco irá despertando en ustedes.
Pero a pesar de que la palabra
fue destruida casi en su totalidad,
y de que los pedazos de ella que lograron escapar del fuego
– ( gracias a las manos piadosas de mi amado Johan ) –
que quemó sus dedos para salvarla y la guardó con celo,
allí donde mi imagen acompañó sus noches
por todo el resto de aquella vida en la que despertó súbitamente,
con el conocimiento en su mente y mi presencia en su corazón,
para dedicar sus días a difundir el amor en aquella lengua extraña
que tan dulce sonaba en sus labios.
Pero en fin y a pesar de todo el celo,
la palabra fue dañada, la palabra fue perdida…
y eso era lo correcto,
pues era palabra para Hombre Nuevo…
Y ese Hombre Nuevo no había llegado.
Aún mi madre no había hallado
la señal del despertar en la frente de los hombres.
Ni había sellado con su beso la alianza que nacería
a partir de la aceptación y sacrificio de una esencia primaria
y la aceptación, sacrificio y condena de aquel cuyo amor a mí,
fue mayor que el amor a sí mismo y a su nombre,
y prefirió cubrirse de oprobio el resto de sus días
en lugar de recibir el tributo del amor que sólo aquellos,
los más cercanos a mí,
le brindaron hasta el final de sus días con ellos.
Él amó más mi esencia y mi misión, que a sí mismo.
Aún hoy, su entrega y sacrificio es para mí,
señal de tiempo nuevo.
Del tiempo nuevo que se inició aquella oscura tarde
que sólo espera de una entrega similar,
para que siga adelante venciendo sombras
y conduzca al hombre a lo que debe ser su destino,
un destino de paz, de gloria, de sanidad,
de dicha en el corazón
y gloria de verdad y de dualidad.
Hoy, la señal del despertar
comienza a brillar en las frentes de muchos hombres
y todos y cada uno de ellos,
dan a este tiempo nuevo un nombre diferente.
Llaman al Padre con nombres diferentes,
me llaman con diferentes nombres
y dicen llamarse con diferentes nombres.
Se hacen y creen diferentes
porque sus nombres son diferentes.
¡No ven que un mar, siempre será mar,
sin importar cómo lo llamen los habitantes
de cada uno de los puertos que se asoman a él!
Pero lo importante no es el nombre,
lo importante no es la revelación,
lo importante no es la palabra,
Lo importante es el Hombre.
Y es su papel el de enseñarle a abrir los ojos
para que en plena conciencia pueda comenzar a andar su camino
sin importar como él llame ese camino,
sin importar a dónde él diga que lleva ese camino,
pues todos sabemos
que el camino del despertar únicamente lleva a un solo sitio:
Al Ser mismo, a la Esencia, a La Luz interior.
Y por supuesto a La Luz, a la presencia del Amor del Padre
y una vez que ya se vive en ese amor,
no existen límites entre mi ser y el de mi hermano.
Será la mente una gran mente compartida
y será el alma una gran alma compartida.
La individualidad se mantendrá en el interior del hogar.
En el amor del cuerpo,
en el amor del alma,
en la amistad y simpatía.
Pero la sabiduría, el conocimiento,
la crónica de todos los hechos y todos los hombres
y… El fin único de la humanidad
estarán allí, en la mente total y única.
El amor que conjura la guerra
y aleja para siempre la sombra de la noche,
del temor, del espanto, de la soledad y la tristeza,
estará allí latiendo en el corazón total, universal y único,
que permitirá al hombre
“Amar al Hombre”… sin haberle visto jamás.
Se extenderá como manto regenerador
sobre la tierra enferma, sanándola,
flotará en el viento como aroma que limpia
y caerá sobre las aguas haciéndolas buenas otra vez.
“Es necesario Volver al Amor”…
no como una elección personal,
sino como la única vía de sanación de la tierra
y por lo tanto del hombre.
Es necesario volver a la sabiduría profunda…
que permite al hombre entender al hombre,
que permite al hombre sanar al hombre,
que permite al hombre ser realmente hermano del hombre.
No como vereda que se toma
al elegir entre muchos caminos principales,
sino como el único camino a seguir…
la única elección justa y necesaria.
Se debe devolver el don sagrado de la vida,
a todos los seres que han sido puestos bajo nuestro cuidado,
pero entendiendo como único mandamiento
que es “El Amor” el primer deber del hombre,
para con el hombre y para con la Tierra.
Y viviendo en la sabiduría de que lo único sagrado
es la vida y sus manifestaciones.
Nada que sea obra de hombre puede llamarse sagrado,
ningún edificio levantado por el hombre,
ninguna imagen moldeada por el hombre…
Ninguna palabra dicha por el hombre es sagrada.
Ni siquiera esta palabra es sagrada,
pues es fruto de hombre
que se corrompe y daña.
Ahora Emmanuel, dirigiéndose a uno de ellos le dice:
Cuídate de dar más importancia a la palabra
para despertar al hombre,
que al hombre mismo.
Cuídate de usarla para juzgar o despreciar a tu hermano.
Cuídate de no hacerla de tu propiedad,
guardarla o reservarla o esconderla
en el sitio donde tu hermano no pueda verla,
pues ella es palabra alada…
¡Que llegó a ti sólo para ser lanzada a los vientos!
No has de ser tú quien decida…
¡Qué es lo que tu hermano debe o no conocer de la palabra!
Será tu hermano quien decida qué tomar o dejar de ella.
Cuídate de presentarla como tuya
pues ningún ser humano debe decir a su hermano:
He aquí que este escrito me pertenece…
pues es palabra de uno y palabra de muchos.
Cuídate de reservar para ti “el conocimiento del despertar”…
pues si así lo hicieres, él se volverá contra ti
y serán pocos los días tuyos sobre la Tierra
para llorar por el daño que tu egoísmo causare a tu hermano.
Has de saber que el maestro no es dueño de lo que enseña.
Has de saber que el heraldo no es dueño de la nueva alianza.
Has de saber que el sanador no es dueño de la sanación.
Ni el consolador es dueño del consuelo.
Has de saber que el mensajero no es dueño del mensaje.
En fin…
has de saber que esta palabra es palabra de todos…
y por eso has de dejarla ir.
Ahora nuevamente Emmanuel se dirige a todo el grupo y les dice:
Los he llamado aquí, a ustedes que son los hijos de mi sangre,
(aunque mi sangre haya fluido
por ríos diferentes en lugares diferentes),
para que sean los nuevos maestros
de mis ahora muy numerosos discípulos.
Es vuestro deber formar
en uso de cada uno de sus dones,
a aquellos que en medio de la gran tribulación…
Despertarán y sanarán a mis hermanos.
Sólo ésta y no otra es vuestra misión.
Hoy ya sabrán que los dones fluyen de ustedes,
cada vez que LA PALABRA es convertida en hechos en sus vidas.
Ya hoy saben que no hay manera de esconderse de La Luz.
Nuevamente Emmanuel se dirige a uno de ellos y le dice:
Aunque todos estos días, tú, mi heraldo,
hayas pedido de mí la liberación de tu obligación,
yo te digo amado hermano de sangre, amigo de juegos,
que si así lo hicieres,
serias tú mismo quien volvería tu rostro anegado en llanto a mí
y me pedirías llamarte otra vez.
Sólo te pido un poco de paciencia.
Ya en poco tiempo, mi rostro se manifestará ante aquellos
que una vez pretendieron ser los elegidos únicos del Padre,
y que hoy mancillan cada palabra
con la sangre del niño vilmente derramada.
Dentro de poco quedarás liberado de toda obligación,
y esta vez será para siempre.
Mas no dejes que el mal que penetra por tus ojos
y oscurece tu razón de hombre…
te aleje de ti.
Pues a eso, es a lo que debes temer y a nada más.
Si te alejas de ti, mi buen heraldo,
el camino de regreso será esta vez demasiado largo
y demasiado duro.
Sé amable con tu corazón.
Escúchalo…
Y no lo obligues a amar como humano,
a quien tu corazón humano no ama.
Y no creas que eres tú,
quien debe solucionar todos los humanos problemas,
pues con eso sólo te hundirás en tu humanidad…
y no vivirás plenamente tu dualidad.
Es decir, no estarás despierto
y sólo caminarás en medio de un camino
que de un lado tiene la Luz del Amor del Padre
manifiesta y única en plena Epifanía…
y del otro, la oscuridad y el apego
a aquello llamado identidad
y que no es más que el disfraz
que ahora más que nunca debes abandonar.
Si has de ser humano, debes ser plenamente humano,
es decir, viviendo completamente tu vida de humano,
tus sensaciones de humano y tus sentimientos de humano…
en plena conciencia y despertar,
bajo La Luz y el influjo del Amor Universal…
de la Luz Universal que es y forma parte de tu Ser.
No niegues ni una, ni otra parte.
Dirigiéndose ahora a todos, expresó:
Han de saber hermanos que el maestro ha de vivir en santidad,
si desea que su conocimiento
llegue en toda su pureza y certidumbre al hermano que despierta.
No es la santidad la negación del hombre.
Más bien, es la más sublime manifestación del hombre.
No es santidad la renuncia al sentir del hombre.
No es santidad la renuncia al apetito del hombre.
No es santidad la renuncia a la ilusión del hombre.
Ni al fruto del trabajo del hombre.
Eso no es santidad, eso es renuncia,
eso es la negación de la cualidad del hombre.
¡ NO !
La Santidad…
es la cualidad divina que se manifiesta plenamente en el hombre.
Se vive en santidad cuando…
El Pensamiento Puro,
que surge de la “Intención Pura”,
da paso a la “Acción Pura”.
Cuando el conocimiento pleno del despertar,
manifestado en la intención de despertar que tiene tu hermano,
genera en ti la intención de ayudarle,
seguido por el pensamiento consciente e íntegro
en medio de tu pecho, de ese deseo de tu hermano.
Debes,
con toda plenitud en la acción de despertarle,
instruirle en los pasos
que luego él sólo ha de seguir.
Nuevamente se dirige a uno de ellos para decirle:
Cuídate de enseñar,
cuando el orgullo o la discordia,
cuando la palabra amarga o venenosa,
y la acción hipócrita que te muestra manso ante los otros,
pero turbio ante ti mismo… estén presentes.
Si eres tú quien critica y juzga,
si eres tú el que envidia y censura,
si eres tú el que disfraza tu cara
para esconder tu real rostro,
entonces… no vives en el despertar.
Así…
No puedes ser maestro.
Ha de manar la palabra del conocimiento
como agua viva de tu pecho,
sin que ni tu intención,
ni tu pensamiento
sean contrarios.
Has de colocar tu mano para sanar de forma tal,
que tu palabra para sanar sea igual.
Pero si por algún motivo no está tu intención,
de acuerdo con tu pensamiento,
y éste perturba tu acción…
entonces retírate, calla
y vete lejos de los discípulos,
pues será tu palabra
palabra vacía o palabra envenenada,
que no vibrará en el cerebro del discípulo
y por el contrario se llenará de suciedad
y le hará mal.
Has de vivir cada día en santidad
luego de despertar…
Si has de ser maestro.
Tus intenciones, tus pensamientos y tus acciones,
han de seguir por un mismo curso…
sin desviarse… sin ensuciarse… sin envanecerte,
ni hacerte sentir más sabio que los demás,
o más grande que tu hermano.
Has de saber
que cada uno de tus hermanos puede enseñarte mucho…
Pero si es tu vanidad mayor que tu apertura de oído…
entonces pasarás por la vida
siendo llamado por muchos MAESTRO…
Pero, por ti MENTIROSO.
Dirigiéndose específicamente a su hermano Israel, expresó:
Israel,
deja salir de tu boca la vieja historia del antiguo linaje,
que trajo vida a la roca vacía,
y guárdate de ser Juez, pues nunca deseaste ser juzgado.
Guárdate de ser aquel que lleva palabras duras,
pues hoy más que nunca
mis hermanos necesitan de tu amor y tu comprensión.
Así que vuelve a vestir la filacteria del maestro,
pero esta vez lleva mi palabra sin temor.
Dirigiéndose a una de las presentes, expresó:
Lee La “Mishna”
y deja salir de tu boca
la historia de los ancianos que legaron a los nuevos seres
el sentido de la vida y la sacralidad de la esencia.
Habla del valor de la vida del joven
y del valor de la vida del viejo.
Di a tus hermanos que no se debe temer el fin de los días
y conjura para siempre el temor a la muerte.
Dales la paz de la bienvenida y la paz del adiós.
Ahora hablando a otro de los presentes, expresó:
Tú, “Judas”, pon tu rodilla en tierra
y con voz de trueno comienza a dar el testimonio
de mis días cuando hollé con mi pie los caminos,
y transmití la revelación.
Habla de la revelación que has visto,
de la revelación que has vivido
y haz partícipes a mis hijos de sangre de la revelación.
Ahora, dirigiéndose a su madre, dijo:
“Madre”,
en mi nombre haz descender sobre mis hermanos dolientes,
el consuelo de tus ojos…
y el dolor de tu corazón.
Muestra a aquellos que ante ti se postren, el amor de tu faz
y promételes en mi nombre la paz verdadera.
Habla con mis palabras, sin nombrarme
y deja que el conocimiento salga de ti.
No temas,
aún tendrás tiempo para cumplir esta,
tu gran misión de amor.
Y ya muy pronto mis brazos amorosos
volverán a sentir el maternal contacto de quien es
y seguirá siendo mi más preciada joya.
Ya no sufras por aquel que se marchó doliente esa tarde.
Ya no sufras por aquel cuya parte muerta,
fue más grande para él que su parte viva.
Ya su ser está en paz y su esencia en armonía.
Es hora ya, de dar gracias por estar vivos y por estar aquí.
Es hora de convertirse en amo y darse sin prisas ni límites.
Es hora de aceptarse
de aceptar…
y enseñar a aceptar.
Y volviéndose al grupo, les dice:
Es hora de que el antiguo conocimiento fluya de sus bocas
y la salud y la esperanza de sus corazones.
Vuelvan a ser Luz.
La Luz del Padre manifiesta
y llévenla a la orilla del mar turbio que ruge en el Este,
y hundiéndola en sus aguas…
déjenla manifestarse completamente y sin temor.
Aprendan a confiar en cada uno de ustedes, pues escrito está:
El hombre lleva en su ser La Luz y la oscuridad,
pero es la sabiduría la que aleja la oscuridad.
Y el amor el que la destierra para siempre.
Pues se ha dicho:
Más prefiero caminar en las sombras
tomado de la mano de mi hermano,
que caminar en un verde prado
bajo la luz del Sol,
con la soledad en el corazón.
Haced esto en mi memoria.
Les seguiré amando por siempre
Emmanuel.

Grandes enseñanzas!!