El hombre que ha visto la luz,

Nada más se espera de ustedes. Pero si sus corazones les piden dar más amor, sé que cada uno de sus corazones será un río más ancho y profundo que el más largo de los ríos.

El hombre que ha visto la luz, no puede ya acercarse a las tinieblas, sin dolor en su corazón

Querido Santiago:

Esta tarde me he sentado a la orilla de un río muy diferente a aquel que signo nuestras vidas

y que tantos recuerdos de amigos ya idos, trajo a nuestros corazones,

No sabes cuan diferente es este río de aquel otro que amábamos tiernamente

y al que llamamos el río de Joha en nuestras conversaciones.

Como siempre que recuerdo los más pequeños detalles de aquellos terribles días,

siempre vienen a mi mente las conversaciones contigo.

Y los rostros de mis bien amados hermanos,

que para mí fueron los más leales,

los más hermosos y los más fieles de los hermanos,

aun cuando provinieran casi todos de vientres distintos a aquel que fue el que me albergó.

Cómo olvidar sus entrañables muestras de amor, de valentía y de fe.

Cómo no admirar aquella bella metamorfosis que los llevó de hombres y mujeres comunes y totalmente ocupados en sus propias vidas y problemas, a los campeones dispuestos a llevar la palabra, el amor y el consuelo a todos los rincones donde llegaban, sin importarles que en ello les fuera el reproche, el escarnio o la vida.

Yo sólo lleve en mí la semilla de la revelación, pero una vez que esta floreció y se hizo presente, en todos y cada uno de ellos, no hubo mejor fruto de ella, que esos maravillosos hombres y mujeres.

¿Quien hay que pueda culparles o culparte por lo que paso después?

Eran hombres nuevos en tiempo viejo.

Su palabra y sus seres demasiado avanzados,

como para poder ser entendidos o acogidos de buen modo, por todos aquellos que apenas asomaban sus aturdidas mentes ante la inmensidad de la creación, desde la entrada oculta de sus oscuras cavernas.

Aun el recuerdo de los tiempos idos, estaba demasiado presente en sus días.

Y es por eso que después de mi partida, muchos volvieron a los viejos títulos, a las viejas palabras y a la maltrecha seguridad que ellos le brindaban, a sabiendas de que sus palabras, sus ritos y sus títulos ya nada significaban para ellos.

Sé que se consideraron cobardes y que admiraron profundamente a aquellos que tuvieron la valentía de pagar su fe indómita con sus propias vidas.

Y que algunos como tú, mi amado Santiago, llegaron a ser hombres de renombre en la vieja doctrina.

Aun cuando esto les produjo inmenso dolor

y los obligo a abandonar sus cómodas vidas

cuando sus corazones ya no pudieron soportar más

el dolor de la ignorancia, la cadena del deseo y la insípida costumbre.

Nadie hay que jamás deba juzgarles,

pues nadie hay que como ustedes

haya vivido el paso de la luz de la más radiante de las estrellas,

a la más absoluta de las oscuridades,

sin que la penumbra haya mediado entre una y otra.

Esta escrito:

Que el hombre que ha visto la luz, no puede ya acercarse a las tinieblas

sin dolor en su corazón.

Sé lo que vivieron, sé lo que sufrieron

y sé cuánto me amaron en sus hogares interiores

y cuantas veces quisieron venir conmigo

antes de que el tiempo de sus días se hubiera cumplido.

Pero también sé que a lo largo de los años, crecieron y se hicieron grandes, como grandes sólo pueden ser aquellos que han sufrido, han llorado y han caído.

Y han aprendido de cada sufrimiento, de cada llanto y de cada caída, que el camino sigue.

Sigue mucho más allá de donde llegan los pasos del caminante y sé que siempre sus pasos fueron pasos de amor, que siempre llevaron la enseñanza, la sabiduría y la fe, allí donde fueron, donde eligieron estar, siempre ayudando a sus hermanos para preparar el despertar colectivo, ahora muy cercano.

Sé que con diferentes palabras y aspectos, llegaron a todos los sitios, dejando su amor y su gran sabiduría.

Y que les llamaron de muchas formas, santos, señores, hermanos, pero que siempre, siempre fueron solo una cosa….

Maestros, Maestros del amor y la Fe,

Maestros de la luz y la esperanza.

Y cuando eligieron volver, muchos lo hicieron con el compromiso de volver a ayudar a su tierra, cuando así lo necesitara.

Y es eso y no otra cosa lo que están haciendo ahora.

Esta escrito:

El hombre ha de olvidar los hechos de sus muchos días

para poder abrir sus ojos con gratitud hacia las bondades que ante él se brindan.

Pues de lo contrario podría confundir sus días y no hallar belleza en su entorno.

Es por ese motivo y no por otro, por lo que han olvidado muchos de sus hechos, pero saben muy bien que la sabiduría mora en ustedes y han visto,

¿No es cierto Santiago?,

como surge y mana de ustedes en el momento en que así lo necesitan que solo les basta un momento a solas y un par de profundas inspiraciones, para obtener la respuesta, que su hermano les pide.

Saben que en ustedes moran los dones.

Y saben que cuando de corazón los han invocado, ellos no han tardado en aparecer.

Y sabes que cuando ha sido necesaria su luz

para iluminar las tinieblas de los corazones de sus hermanos,

ella ha surgido hermosa y benigna,

de cada una de sus palabras

y del toque de sus manos.

Ahora están aquí,

para terminar lo que un día comenzaron.

Sé que ven tinieblas por venir, pero sus ojos que ya han visto la luz, pueden ver más allá e intuyen la esplendorosa alborada por venir.

Sé que verán al hombre asediado por el hombre, pero ustedes vivieron el asedio y sabrán que deben llevar la palabra de fe al que siente que ya nada espera.

Sé que verán la enfermedad, pero ustedes ya han vivido la enfermedad y sabrán llevar la curación a quien cree que ya no existe nada más que la enfermedad.

Verán la desesperación y el horror en los rostros.

Pero ustedes ya vivieron la desesperación, la soledad, el horror, el crisparse de los rostros por miedo, el huir sin hallar refugio.

Y serán ustedes, entonces, los que siembren esperanzas de nuevos días, compañía para el solitario, la palabra sabia que conjura el miedo, la caricia suave que relaja los rostros y los lleve a la sonrisa.

Nada más se espera de ustedes, pero si sus corazones les piden dar más amor, sé que cada uno de sus corazones será un río, más ancho y profundo que él más largo de los ríos.

No teman mis bien amados, pues han de saber que ninguno de entre ustedes me fue menos amado, pues llegue a admirar en cada uno de ustedes esas características únicas que los distinguían, en uno el arrojo, en el otro la fluidez de palabra, en otro la fortaleza de espíritu o la sonrisa, o el gesto amable o la suavidad de la palabra, o la pureza al explicar, la entrega, la caridad, la sabiduría, el amoroso departir y el sacrificio.

Y así todos fueron amados por lo que les distinguía y por lo que les igualaba:

El amor incondicional y la entrega más allá de cualquier límite conocido, a la luz.

Fui muy afortunado al contarle como mis hermanos, al ser parte de tan hermoso conjunto de gemas, a cada cual más brillante.

Y una vez más han acudido ahora, cuando es más necesario el amor.

No se queden a solas con su dolor,

con el inmenso dolor

que les provoca la destrucción de este mundo

al que dedicaron tan intensamente sus corazones.

Antes bien, levanten sus manos y enseñen a los otros a construir sobre lo que ha caído, a sembrar semillas sobre las tumbas, a pintar sonrisas sobre las lagrimas, a creer en el mañana.

Y lleven la palabra que es luz necesaria ahora que reinaran por un breve, muy breve tiempo las sombras, para que ilumine la noche que lleva al nuevo día, que será por siempre luz y amor del Padre.

Te quiere

Tu hermano

Emmanuel

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