Sé juez sólo de lo que tu mente juzga,
pero no seas tú quien levante el dedo
para señalar en tu hermano el error.
“LA PUERTA DE TU CORAZÓN”
En el principio era la oscuridad,
la oscuridad se contrajo
y del seno de la oscuridad
nació “La Luz”.
Y siendo La Luz manifestación primera del Padre,
de su origen nació el Amor
y del amor nació la Fuerza,
que bien pronto daría nacimiento al Universo
que bañaba esta parte de La Luz.
Y a los múltiples universos
que bañaban las diferentes partes de La Luz.
Siendo todos ellos
frutos del “Amor del Padre Único”,
por lo tanto partes del Padre.
y Padre en sí mismo.
En cada uno de ellos,
en su momento se dieron las once características
necesarias para el surgimiento de la vida
y luego,
ésta evolucionó en cada una de sus formas
teniendo cada una de ellas una senda evolutiva propia
y un destino preciso en el concierto de la creación
Así,
la vida más original y sencilla
evolucionó poco a poco hacia seres de mayor complejidad
y finalmente cuando ya el principio de la vida
formaba parte de cada universo,
El Padre
en su Infinito Amor,
permitió que la vida comenzara a crear
las buenas sendas necesarias para que albergara
a los seres vivos con movimiento
y así cada uno en su tiempo,
llegó, floreció
y siguió su senda hasta su evolución final.
Y todo lo así nacido era bueno,
era hermoso,
pues era fruto del amor.
Está escrito:
“No hay senda por la que el pie del hombre haya pasado,
sin que su presencia
en ella no haya quedado. ”
Y se ha dicho también,
que no hay palabra
que de la boca de un hombre haya salido,
que no haya florecido
en el oído o en el corazón de otro.
“Es por esto,
por lo que La Palabra debe ser guardada”.
Si en lugar de florecer como hermosa flor de amor,
tributo o presente de amor,
ésta florece como espina, enfermedad o símbolo de odio,
negarse debe el hombre a permitir
que su lengua sea instrumento de maldad,
dolor, odio, tristeza y desunión.
Pues es una lengua maldiciente,
más peligrosa que la más aguda de las espadas del tirano.
¡Y puede una palabra dulce,
una Palabra Viva,
una Palabra Viva y dulce,
vencer a todo un ejército!.
Tal es el poder de florecer que tiene en sí La Palabra.
Está escrito:
No debe el hombre cerrar su puerta al hermano,
pues aquel cuya puerta él cierra,
sólo hallará cerradas las puertas
ante las cuales llegue a tocar.
Debe el hombre actuar con el hermano
en la misma forma en que le gustaría ser tratado.
Has de saber que habrás de recibir de tu hermano,
sólo aquello que estés dispuesto a dar.
Así que si quieres largos y dulces días en tu vida,
habrás de dar con largueza y dulzura.
Pero si en lugar de ofrecer miel
ofreces a quien se acerca tu hiel,
no esperes recibir otra cosa que hiel.
¿Quién hay, que dé un golpe
en espera de recibir una caricia?
Así pues,
la senda que labres será pródiga
en aquello que hayas prodigado
y será escasa
en aquello que hayas negado.
Has de saber que cuando socorres a un hermano,
o a una de las pequeñas criaturas no racionales
puestas bajo tu cuidado…
es a ti y a los tuyos a los que socorres.
Y cuando dañas al otro,
es a ti a quien dañas en el mañana.
Ha de estar siempre preparada tu mano para socorrer,
pues así cuando la tuya se tienda algún día
implorando socorro,
hallará manos que la ayuden.
No has de esperar
de aquel que socorriste,
que ayudaste,
que vestiste o alimentaste,
que sea quien te socorra,
te ayude,
te vista o te alimente.
Has de ser generoso,
sin esperar de tu generosidad
otra muestra de agradecimiento
que el bienestar que el hecho ha generado en ti.
Más adelante en tu senda,
este bien que hoy haces
te será devuelto en demasía,
en muchas y diferentes formas.
Y también lo que negaste
te será negado más adelante en tu senda.
Así que, has de
“mantener la puerta de tu corazón siempre abierta”,
si quieres hallar abiertos corazones ante ti.
Está escrito:
Todo aquel que albergue duda en su corazón,
sembrará dudas en los corazones de los otros.
Pero aquel cuyo corazón se abre,
acepta y abraza la verdad,
por más difícil que ella sea de aceptar para su cerebro
sembrará fe y certeza en los otros.
Has de entender que habrá veces
en las que se pedirá de ti que confíes,
aún cuando tu mente te diga que no.
Entonces será tu voluntad
quien te indique si debes dar ese paso en la oscuridad
o si esperas a que la senda
sea iluminada por la luz de algún otro
que si se atreva a hacerlo.
No seas tú, en tu duda,
quien se erija en juez de lo que cree tu hermano y diga:
Tonto de ti si das ese paso en la oscuridad,
pues es posible que aquello que en ese momento
tu consideras como correcto…
no lo sea
y lo que hoy tu mente grite que no es verdad,
mañana la evidencia de la realidad
te haga entender que es cierto.
Sé juez sólo de lo que tu mente juzga,
pero no seas tú quien levante el dedo
para señalar en tu hermano el error… pues:
Se ha dicho:
Vana es la ilusión de sabiduría del hombre
que sólo puede vivir con certeza su día de hoy.
Pues aquel que jura que solo marcha en el desierto,
puede hallar un oasis detrás de la montaña de arena.
Y aquel que jura que le aguarda un río que calme su sed,
puede hallar de pronto sólo un cauce seco.
“Pues nada hay que permanezca para siempre
sin cambio en la tierra”
Y lo que hoy se esconde
a los ojos del que pasa por el camino
mañana será visto por otro caminante.
Está escrito:
No busques
al Padre entre las paredes del templo,
porque en un templo no mora el Padre.
Ni lo busques
entre los signos de los antiguos libros de La Ley,
por que no mora el Padre en esa
ni en ninguna otra ley.
No busques
al Padre en una lengua,
en una ciudad, en un rito o en un sacrificio…
porque no mora el Padre en esa ni en ninguna otra lengua,
ni en esa ni en ninguna otra ciudad,
ni en ese rito ni en otro,
ni en ese sacrificio ni en otro
pues toda la Creación es Su Obra,
es parte de Él
y
ÉL al mismo tiempo.
Si estas a la sombra de un árbol,
en esa sombra está el Padre.
Si ves una montaña,
en esa montaña está el Padre.
Si ves a los ojos de tu hermano
en esos ojos está el Padre,
en tu esposa, en tu hijo,
en el abrazo del amigo,
en la flor, el agua y el pájaro.
Si te detienes en soledad y escuchas tu corazón,
en ese corazón está el Padre.
Por lo que no puede nadie decir:
He aquí que a través de mi puedes hablar con el Padre,
porque al escuchar tu corazón, aquietar tu mente
y dejar que tu dualidad se manifieste,
en ese momento eres uno con el Padre…
oyes y eres oído.
Cuando con tu hermano en silencio
dejas fluir el amor de tu corazón,
allí estará el Padre.
Cuando en tu momento de necesidad
a tu hogar interior vuelvas,
en tu silencio interior dejes brillar tu luz
y a La Luz de tu hogar supliques
la ayuda para tu necesidad,
allí está el Padre.
Si es tu necesidad real, grande
y buena su solución para ti y tus hermanos,
todo…
todo en la creación se moverá para suplirla.
Pero si pides venganza,
ésta no vendrá del Padre,
pues en ÉL no mora la venganza.
Y si pides maldad,
de ÉL no vendrá,
pues nada de lo hecho por el Padre tiene maldad en sí.
Así que si en tu ser hay maldad,
revisa lo que tu mente ha creado
y con qué has alimentado tu corazón,
pues es fruto del pensamiento,
la maldad, la venganza y el odio.
Puede una mente extraviada
alimentar con veneno tu corazón,
pero cuando así sientas
vuelve a tu hogar interior
y con amor limpia el sucio que ha entrado a tus heridas,
lávala con el agua buena de tus lagrimas,
deja que Tu Luz cicatrice y sane las heridas
y entonces entenderás:
Que cuando exigías venganza,
de ti te vengabas,
Cuando pedías maldad,
a ti mismo herías,
Y cuando odiabas,
a ti te odiabas.
Y olvidarás eso,
como quien saca una piedra de su sandalia
y luego camina aliviado.
Entonces tu corazón pesará menos
y estará presto a la sonrisa y al perdón.
Una vez más habrás hecho buen uso de la sabiduría
y del don del discernimiento
que en tu cerebro puso el Padre,
para que guíe tiernamente tu corazón.
Maestro