SEMANA 36- EJERCICIOS 246 AL 252
Libro de Ejercicios
-Lección 246- Amar a mi Padre es amar a Su Hijo.
-Lección 247- Sin el perdón aún estaría ciego.
-Lección 248- Lo que sufre no forma parte de mi.
-Lección 249- El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda sensación de pérdida.
-Lección 250- Que no vea ninguna limitación en mí.
4. ¿Qué es el Pecado?
-Lección 251- No necesito nada más que la verdad.
-Lección 252- El Hijo de Dios es mi Identidad.
Manual para el Maestro
-Capítulo 6. ¿Tiene siempre lugar la curación?
-Capítulo 7. ¿Debe repetirse la curación?

Un Curso de Milagros- Ejercicios
Fundación para la Paz Interior
Traducido por Rosa M. G. De Wynn y Fernando Gómez
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SEMANA 36 – EJERCICIOS DEL 246 AL 252
LECCIÓN 246
Amar a mi Padre es amar a Su Hijo.
1. Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón. 2Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios. 3Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.
2. Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre mío. 2Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Voluntad. 3Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. 4Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. 5Amén.
LECCIÓN 247
Sin el perdón aún estaría ciego.
1. El pecado es el símbolo del ataque. 2Si lo veo en alguna parte, sufriré. 3Pues el perdón es el único medio por el que puedo alcanzar la visión de Cristo. 4Permítaseme aceptar que lo que Su visión me muestra es la simple verdad y sanaré completamente. 5Ven hermano, déjame contemplarte. 6Tu hermosura es el reflejo de la mía. 7Tu impecabilidad, la mía propia. 8Has sido perdonado, y yo junto contigo.
2. Así es como quiero vera todo el mundo hoy. 2Mis hermanos son Tus Hijos. 3Tu Paternidad los creó y me los confió como parte de Ti, así como de mi propio Ser. 4Hoy Te honro a través de ellos, y así espero en este día poder reconocer mi Ser.
LECCIÓN 248
Lo que sufre no forma parte de mí.
1. He abjurado de la verdad. 2Permítaseme ahora ser igualmente firme y abjurar de la falsedad. 3Lo que sufre no forma parte de mí. 4Yo no soy aquello que siente pesar. 5Lo que experimenta dolor no es sino una ilusión de mi mente. 6Lo que muere, en realidad nunca vivió, y sólo se burlaba de la verdad con respecto a mí mismo. 7Ahora abjuro de todos los conceptos de mí mismo, y de los engaños y mentiras acerca del santo Hijo de Dios. 8Ahora estoy listo para aceptarlo nuevamente como Dios lo creó, y como aún es.
2. Padre, mi viejo amor por Ti retorna, y me permite también amar nuevamente a Tu Hijo. 2Padre, soy tal como Tú me creaste. 3Ahora recuerdo Tu Amor, así como el mío propio. 4Ahora comprendo que son uno.
LECCIÓN 249
El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda sensación de pérdida.
1. El perdón nos ofrece un cuadro de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, es imposible perder y la ira no tiene sentido. 2El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin. 3¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? 4¿En qué pérdida se podría incurrir? 5El mundo se convierte en un remanso de dicha, abundancia, caridad y generosidad sin fin. 6Se asemeja tanto al Cielo ahora, que se transforma en un instante en la luz que refleja. 7Y así, la jornada que el Hijo de Dios emprendió ha culminado en la misma luz de la que él emanó.
2. Padre, queremos devolverte nuestras mentes. 2Las hemos traicionado, sumido en la amargura y atemorizado con pensamientos de violencia y muerte. 3Ahora queremos descansar nuevamente en Ti, tal como Tú nos creaste.
LECCIÓN 250
Que no vea ninguna limitación en mí.
1. Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. 2Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía.
2. Él es Tu Hijo, Padre mío. 2Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones. 3Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. 4Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.
4. ¿Qué es el pecado?
1. El pecado es demencia. 2Es lo que hace que la mente pierda su cordura y trate de que las ilusiones ocupen el lugar de la verdad. 3Y al estar loca, la mente ve ilusiones donde la verdad debería estar y donde realmente está. 4El pecado dotó al cuerpo con ojos, pues, ¿qué iban a querer contemplar los que están libres de pecado? 5¿Para qué iban a querer la vista, el sonido o el tacto? 6¿Qué iban a querer oír o intentar asir? 7¿Qué necesidad iban a tener de los sentidos? 8Usar los sentidos es no saber. 9Y la verdad sólo se compone de conocimiento y de nada más.
2. El cuerpo es el instrumento que la mente fabricó en su afán por engañarse a sí misma. 2Su propósito es luchar. 3Mas el objetivo por el que lucha puede cambiar. 4Y entonces el cuerpo lucha por otro objetivo. 5Lo que ahora persigue lo determina el objetivo que la mente ha adoptado para sustituir a la meta de engañarse a sí misma que antes tenía. 6La verdad puede ser su objetivo, tanto como las mentiras. 7Y así, los sentidos buscarán lo que da fe de la verdad.
3. El pecado es la morada de las ilusiones, las cuales representan únicamente cosas imaginarias procedentes de pensamientos falsos. 2Las ilusiones son la «prueba» de que lo que no es real lo es. 3El pecado «prueba» que el Hijo de Dios es malvado, que la intemporalidad tiene que tener un final y que la vida eterna sucumbirá ante la muerte. 4Y Dios Mismo ha perdido al Hijo que ama, y de lo único que puede valerse para alcanzar Su Plenitud es la corrupción; la muerte ha derrotado Su Voluntad para siempre, el odio ha destruido el amor y la paz ha quedado extinta para siempre.
4. Los sueños de un loco son pavorosos y el pecado parece ser ciertamente aterrador. 2Sin embargo, lo que el pecado percibe no es más que un juego de niños. 3El Hijo de Dios puede jugar a haberse convertido en un cuerpo que es presa de la maldad y de la culpabilidad, y a que su corta vida acaba en la muerte. 4Mientras tanto, su Padre ha seguido derramando Su luz sobre él y amándolo con un Amor eterno que sus pretensiones no pueden alterar en absoluto.
5. ¿Hasta cuándo, Hijo de Dios, vas a seguir jugando el juego del pecado? 2¿No es hora ya de abandonar esos juegos peligrosos? 3¿Cuándo vas a estar listo para regresar a tu hogar? 4¿Hoy quizá? 5El pecado no existe. 6La creación no ha cambiado. 7¿Deseas aún seguir demorando tu regreso al Cielo? 8¿Hasta cuándo, santo Hijo de Dios, vas a seguir demorándote, hasta cuándo?
LECCIÓN 251
No necesito nada más que la verdad
1. Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo. 2Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito. 3Jamás necesité nada de lo que antes buscaba, y ni siquiera lo quería. 4No reconocía mi única necesidad. 5Pero ahora veo que solamente necesito la verdad. 6Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin. 7Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar. 8Ahora dispongo de todo cuanto podría querer. 9Y ahora, por fin, me encuentro en paz.
2. Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. 2Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.
LECCIÓN 252
El Hijo de Dios es mi Identidad.
1. La santidad de mi Ser transciende todos los pensamientos de santidad que pueda concebir ahora. 2Su refulgente y perfecta pureza es mucho más brillante que cualquier luz que jamás haya contemplado. 3Su amor es ilimitado, y su intensidad es tal que abarca dentro de sí todas las cosas en la calma de una queda certeza. 4Su fortaleza no procede de los ardientes impulsos que hacen girar al mundo, sino del Amor ilimitado de Dios Mismo. 5¡Cuán alejado de este mundo debe estar mi Ser! aY, sin embargo, ¡cuán cerca de mí y de Dios!
2. Padre, Tú conoces mi verdadera Identidad. 2Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo, para que pueda despertar a la verdad en Ti, y saber que se me ha restituido el Cielo.
Un Curso de Milagros-Manual para el Maestro
Fundación para la Paz Interior
Traducido por Rosa M. G. De Wynn y Fernando Gómez
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Capítulo 6
¿TIENE SIEMPRE LUGAR LA CURACIÓN?
1. Sí, la curación siempre tiene lugar. 2Es imposible dejar que las ilusiones se lleven ante la verdad y al mismo tiempo conservarlas. 3La verdad demuestra que las ilusiones no tienen ningún valor. 4El maestro de Dios ha visto la corrección de sus propios errores en la mente del paciente, al reconocerla como lo que es. 5Al haber aceptado la Expiación para sí mismo, también la ha aceptado para el paciente. 6¿Qué ocurre, sin embargo, cuando el paciente usa la enfermedad como una forma de vida, creyendo que la curación es el camino a la muerte? 7Cuando esto ocurre, una curación repentina podría ocasionar una aguda depresión y una sensación de pérdida tan profunda, que el paciente podría incluso tratar de destruirse a sí mismo. 8No teniendo nada por lo que vivir, podría incluso pedir la muerte. 9Por su propio bien, pues, la curación tiene que esperar.
2. La curación se hará a un lado siempre que pueda percibirse como una amenaza. 2En el instante en que se le da la bienvenida, ahí está. 3Dondequiera que se haya ofrecido una curación, ésta se recibirá. 4¿Y qué es el tiempo ante los regalos de Dios? 5Nos hemos referido en muchas ocasiones en el texto a los tesoros que se ofrecen equitativamente, tanto para el que da los regalos de Dios como para el que los recibe. 6Ni uno solo se pierde, pues sólo pueden multiplicarse. 7Ningún maestro de Dios debe sentirse decepcionado si, habiendo ofrecido una curación, parece como si ésta no se hubiese recibido. 8No es su función juzgar cuándo debe aceptarse su regalo. 9Que tenga por seguro que ha sido recibido, y que no ponga en duda que será aceptado cuando se reconozca que es una bendición y no una maldición.
3. La función de los maestros de Dios no es evaluar el resultado de sus regalos. 2Su función es simplemente darlos. 3Una vez que los han dado, han dado también el resultado, puesto que ello es parte del regalo. 4Nadie puede dar si está preocupado por los resultados de lo que da. 5Eso sería limitar lo que da, y, en ese caso, ni el que da ni el que recibe dispondrían del regalo. 6La confianza es parte esencial del acto de dar; de hecho, es la parte que hace posible el compartir; la parte que garantiza que el dador no ha de perder sino que únicamente ganará. 7¿Qué sentido tiene que alguien dé un regalo si luego se queda con él para asegurarse de que sea usado como mejor le parezca a él? 8Eso no es dar sino subyugar.
4. Haber abandonado toda preocupación por el regalo es lo que hace que sea verdaderamente dado. 2Y lo que hace posible dar de verdad es la confianza. 3La curación es el cambio de mentalidad que el Espíritu Santo procura que tenga lugar en la mente del paciente. 4Y es el Espíritu Santo en la mente del donante Quien le da el regalo a él. 5¿Cómo podría perderse? 6 ¿Cómo podría ser ineficaz? 7¿Cómo podría haber sido en vano? 8Las arcas de Dios jamás están vacías. 9Y si les faltase un solo regalo no estarían llenas. 10Dios garantiza, sin embargo, que las arcas estén siempre rebosantes. 11¿Por qué habría de preocuparse, entonces, un Maestro de Dios por lo que sucede con sus regalos? 12Al ser Dios Quien se los da a Sí Mismo, ¿quién iba a dejar de recibirlo todo en este intercambio santo?
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Capítulo 7
¿DEBE REPETIRSE LA CURACIÓN?
1. En realidad, esta pregunta se contesta a sí misma. 2La curación no puede repetirse. 3Si el paciente se ha curado, ¿qué queda por curar? 4Y si la curación siempre tiene lugar, como ya hemos dicho, ¿qué es lo que hay que repetir? 5Si un maestro de Dios se sigue preocupando por el resultado de una curación, no hace sino limitarla. 6Ahora es la mente del mismo maestro de Dios la que necesita ser curada. 7Y esto es lo que él debe facilitar. 8Ahora el paciente es él, y así es como debe considerarse a sí mismo. 9Ha cometido un error y tiene que estar dispuesto a cambiar de mentalidad al respecto. 10Le faltó la confianza que habría hecho posible dar verdaderamente, y, por lo tanto, no recibió el beneficio de su regalo.
2. Cada vez que un maestro de Dios trató de ser un canal de curación tuvo éxito. 2De sentirse tentado de dudar de ello, no debería repetir su esfuerzo previo. 3Éste ya fue máximo, pues el Espíritu Santo así lo aceptó y así lo utilizó. 4El maestro de Dios tiene ahora ante sí sólo un camino a seguir. 5Tiene que hacer uso de su razón para decirse a sí mismo que le ha entregado el problema a Uno que no puede fallar; y debe reconocer que su propia incertidumbre no es amor, sino miedo, y, por consiguiente, odio. 6Su posición se ha hecho, por lo tanto, insostenible, pues le está ofreciendo odio a alguien a quien le ofreció amor. 7Esto es imposible. 8Habiendo ofrecido amor, sólo se puede recibir amor.
3. En esto es en lo que el maestro de Dios tiene que confiar. 2Esto es lo que realmente significa la afirmación de que la única responsabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo. 3El maestro de Dios es un obrador de milagros porque da los regalos que ha recibido. 4Pero primero tiene que aceptarlos. 5Eso es lo único que tiene que hacer, ya que no hay nada más que él pueda hacer. 6Al aceptar la curación puede darla. 7Si pone esto en duda, que recuerde Quién dio el regalo y Quién lo recibió. 8Así se aclara su duda. 9Pensó que Dios le podía quitar los regalos que le había dado. 10Eso fue un error, pero es un error que no vale la pena conservar. 11Y por lo tanto, lo único que el maestro de Dios puede hacer es reconocerlo como tal y permitir que sea corregido.
4. Una de las tentaciones más difíciles de reconocer es que dudar de la curación debido a que los síntomas siguen estando presentes es un error que se manifiesta en forma de falta de confianza. 2Como tal, es un ataque. 3Normalmente parece ser justamente lo contrario. 4No parece razonable, en un principio, que se nos diga que preocuparnos continuamente es un ataque. 5Tiene todas las apariencias de ser amor. 6Mas el amor sin confianza es imposible, ya que la duda y la confianza no pueden coexistir. 7Y el odio es lo opuesto al amor, sea cual sea la forma en que se manifieste. 8No dudes del regalo y te será imposible dudar de sus resultados. 9Ésta es la certeza que les da a los maestros de Dios el poder para ser obradores de milagros, pues han depositado su confianza en Él.
5. Dudar de uno mismo es la causa fundamental de que se dude del resultado de cualquier problema que se le haya entregado al Maestro de Dios para que lo resuelva. 2Y eso implica necesariamente que se ha puesto la confianza en un ser ilusorio, ya que sólo de un ser así se puede dudar. 3Esta ilusión puede adoptar muchas formas. 4Tal vez temor a ser débil y vulnerable; 5tal vez miedo a fracasar y a sentirse avergonzado en conexión con un sentimiento de ineptitud; 6 quizá vergüenza acompañada de culpabilidad procedente de una falsa humildad. 7La forma del error es irrelevante. 8Lo único que importa es que se le reconozca como lo que es: un error.
6. El error es siempre una forma de preocupación con uno mismo, a costa de la exclusión del paciente. 2Es no reconocer al paciente como parte del verdadero Ser, lo cual representa, por lo tanto, una confusión de identidad. 3En tu mente se ha producido un conflicto acerca de lo que eres, y te has engañado con respecto a ti mismo. 4Y te has engañado con respecto a ti mismo porque has negado la Fuente de tu creación. 5Si ofrecieses únicamente curación, te sería imposible dudar. 6Si realmente quieres que el problema se resuelva, no puedes dudar. 7Si estás seguro de cuál es el problema, no puedes dudar. 8La duda es el resultado de deseos conflictivos. 9Ten certeza con respecto a lo que quieres, y te será imposible dudar.
