«La verdad sólo habita en los corazones,
no en los libros, ni en las Sinagogas, ni en las ciudades.»
Tu papel es sólo ser pastor
Mensaje dirigido por Emmanuel…
Querido hermano:
Hoy nuevamente he caminado por la playa
que tantas veces recorrimos juntos.
Lo que aún queda de tu barca sigue allí
semi-enterrado en la arena, gritando a quien lo mira
que hace ya muchos años el barquero se marchó.
Juntos en esa barca enfrentamos las tormentas
y en ella me llevaste de vuelta, después que todo ocurrió.
Hay algo muy triste en verla allí, llena de arena
y destruida por los elementos… que me hace recordar
las promesas del adiós y el llanto de la despedida.
Pero hoy hermano nos hemos encontrado nuevamente
y nada de lo que pasó
tiene ahora más importancia que la de un recuerdo
y un recuerdo es una bocanada de aliento en la brisa,
algo que pasa sin dejar huella.
Vas ahora por las calles hablando del perdón,
en mi nombre…
pero a veces tus palabras suenan huecas
pues para hablar del perdón,
es menester que previamente tú
te hayas perdonado.
El perdón debe ser como el agua limpia y clara
que surge de la piedra y origina el manantial.
Si en su origen hay cieno el agua surgirá turbia, sucia,
por más que la bebas, nunca calmará tu sed.
Pero si la roca de la que nace está limpia,
será clara y cantarina
y una sóla gota de esta agua de perdón
calmará siglos de sed de justicia,
sed de verdad,
sed de paz.
Sólo el perdón puede enseñarte
que la justicia del hombre sólo vale
lo que el hombre le dé de importancia.
Que la verdad sólo habita en los corazones,
no en los libros, ni en las Sinagogas, ni en las ciudades.
Y que puede un docto maestro
hablar durante horas acerca de la verdad,
sin que una sola de las palabras que dice
pueda al menos sonar sincera.
La verdad es sabia y sencilla,
el que la pronuncia también deberá ser sabio y sencillo,
como esas silvestres flores del camino,
que aún naciendo entre las rocas
y siendo pisoteadas por las indolentes sandalias
de los caminantes, nos brindan su color y su aroma,
gritando su clara y sabia verdad de vida
a todo aquel que la quiera ver.
La paz, hermano
jamás te acompañará mientras en tu bolsa lleves tu orgullo,
tu necesidad de complacer a los demás
o tu necesidad de ser reconocido
como el heraldo de mi palabra.
La paz surge de cada quien en el momento en que
finalmente se reconoce y entiende que es una parte
de la hermosa Obra del Padre y que como tal merece
y tiene un lugar en el dulce concierto de la Creación.
Hermano, constantemente pregonas
que tus semejantes deben olvidar que son,
que existen, que enfrentan pruebas y las superan,
y que al final del camino,
sólo la íntegra sensación de haber desempeñado
el papel grande o pequeño que les fue asignado,
podría conducirles sin tristeza y sin sobresaltos
al cambio que les llevará finalmente a La Luz.
No, hermano, cada ser tiene el deber de ser él,
de vivir, de superar su propia pequeñez
y tener clara idea de su Ser
completo e íntegro,
de su parte material y de esa chispa divina
que los mantiene y conforta
en los tiempos difíciles.
Si les pides que se olviden
del hermoso regalo de la conciencia…
¿Cómo les vas a exigir entonces
la pesada prueba de la superación?
¿Cómo les vas a invitar a ser Yo,
sin antes haber sido ellos completamente?
Hermano, a veces parecieras olvidar
que tu papel es sólo ser pastor.
Es sólo llevar mi rebaño donde deben pacer en calma,
pero si una de tus ovejas desea comer hierba y otra flores,
no eres tú quien debe decidirlo, sino ellas.
Tú debes conducirlas
mansa y amorosamente por la senda,
debes señalarles su destino,
pero no eres quien debe indicarles
dónde pisar y dónde no.
¿Te has detenido a escuchar el viento en la montaña?
Sopla en muchas direcciones, a veces trae el frío del norte,
otras el salobre sabor del mar.
A veces en la noche truena como enfurecido
y luego se calma como un niño dormido.
Pero nunca deja de ser viento,
ni de rizar las aguas de nuestro amado mar.
Sólo mi Padre puede calmarlo o agitarlo a voluntad,
pero aún así el es viento, nada más.
Así debes ser tú, si deseas llevar mi Palabra,
a veces fuerte, otras sereno,
pero siempre tú, clamando a tus hermanos.
No les pidas dejar de ser viento para ser nube,
sin antes haber sido completamente viento.
Hermano, la paz verdadera está dentro de ti.
Ella nace de la justicia hacia ti mismo,
nace del saber que tu hermano sufre y que puedes
con tus actos o palabras aliviar su sufrimiento.
Nace del saber que tú te has herido,
que debes tratar de lavar con la dulce agua del perdón
esa herida abierta, sobre todo nace del saber
que puedes perdonarte y que al recibir el perdón,
también lo puedes dar.
No puedes pisar la arena sin dejar tu huella
y no puedes dejar tu huella
sin llevar algo de arena en tus sandalias.
Enseña con dulzura,
que en este breve espacio llamado vida,
nunca pasas por algo
sin llevarte una pequeña cantidad de arena en las sandalias.
El olvido de las ofensas sólo será real,
cuando esté acompañado del perdón
y este sólo lo puedes dar,
cuando finalmente te perdones a tí mismo.
Diles que es inútil ir a la Sinagoga a implorar perdón,
cuando en el Templo Vivo, que es cada uno, la lámpara
del altar está sucia con los resentimientos y las culpas,
con el recuerdo de los errores y de las caídas.
Este Templo
que es el único sitio sagrado que puedes visitar,
debe brillar con la luz de la esperanza…
que se alimenta solamente con el aceite del perdón.
Tu hermano,
Emmanuel.
Aprendamos a aceptar, no a sufrir.
José Narosky
Algunos nos golpean sólo porque no golpeamos.
José Narosky
Los lobos jamás esconden hombres.
José Narosky
Expectacular, lo que lo hace tan bello es que no es composición de palabras si no, vida hecha oración que me acerca más a mi alma, me permite reafirmar mi ser y ser más solidaria con el. Otro.
Excelente hermano Mario. Abrazos…
Extraordinario